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10 RECOMENDACIONES A PADRES DE ADOLESCENTES

Sres. Padres y Representantes:
Durante los próximos meses estaremos publicando cada 15 días un conjunto de 10 recomendaciones que le permitirán mejorar la relación padre e hijo, esta información también le ofrece algunas herramientas acerca de cómo podemos manejar la conducta del adolescente desde el hogar y como enfrentarnos ante los cambios correspondientes a esta etapa del desarrollo de sus hijos, que en ocasiones resulta tan complejo sobrellevarla.

10 RECOMENDACIONES A PADRES DE ADOLESCENTES
✐     No le eche en cara que es abusivo, protestón, y opositor sistemático: aunque para muchos adultos los adolescentes encarnan el antagonismo, la contradicción, la verdad es que ellos no son antagónicos sino protagónicos; es decir, lo que los mueve no es el deseo de oposición sino la necesidad de ser y actuar. No es lo mismo antagonizar, que protagonizar, pero si a alguien se le niega sistemáticamente el derecho de pensar por sí mismos, de actuar, de tomar decisiones y de buscar para poder definir su rol personal, su “qué hacer con su existencia”, entonces puede caer en la oposición por la oposición misma. Si los padres dicen siempre que no “porque no me da la gana”; si no valoran los juicios, las acciones, los esfuerzos de los hijos, éstos aprenden a criticar, rechazar, oponerse y cuestionar todas las opiniones, indicaciones y decisiones de los padres y adultos.

✐     Hable mucho con él: hablando con él es la única forma en como se puede establecer una buena comunicación, sin que predomine el monólogo. La comunicación es diálogo, no sermón. Implica dejar hablar y escuchar con atención y con intención de entender al interlocutor, comprendiendo su punto de vista, aun cuando no lo comparta.

✐     Acompáñelo siempre, con delicadez y respeto: el adolescente necesita orientación, pero sobre todo necesita acompañamiento. No requiere alguien junto a él, que le esté diciendo toda la vida qué hacer y cómo comportarse, sino alguien que lo acompañe en sus temores, que le diga desde lo más hondo del alma: “te entiendo”, “Comparto tu sentimiento” de alegría, de tristeza, de nostalgia, de temor o confianza. Si no lo encuentra, puede crecer con la sensación de que nunca lo encontrará; se formará el auto concepto de “incomprendido (a)”, con tanta gente adulta que se duele de no encontrar a alguien en el mundo que pueda simplemente escucharle y comprenderle.

✐     No lo consienta: El muchacho necesita estima y respeto – de su persona, de sus ideas, de sus proyectos, a veces descabellados, pero “suyos”, y de sus sentimientos -, pero hay que cuidar de no confundir esa necesidad con el consentimiento; son las mismas letras, pero no es lo mismo “sentir con”, que “con – sentir”. Lo primero implica empatía: sentir lo que otro siente y acompañarlo en su sentimiento, sin aprobar, pero evitando el rechazo y la sobreprotección afectiva; ayudarlo a cargar el morral, pero sin cargarlo por él.  En esos momentos emocionales tan frecuentes en el adolescente – nostalgia, depresión, tristeza, frustración, ensimismamiento, melancolía, miedo, etc. - , que pueden tener una causa externa o interna, objetiva o subjetiva, psíquica o somática, y de los cuales puede pasar con agilidad y prontitud a un estado de alegría, euforia, entusiasmo o esperanza, es cuando más necesita de acompañamiento. Acompáñelo entonces, pero sin imponerle su compañía; hágale ver sin palabras, que Ud. Está realmente disponible y dispuesto, que tiene tiempo para él, que confía en su habilidad para manejar sus sentimientos y que no tiene prisa en verlo superarse a si mismo; no lo abandone pero tampoco lo sobreproteja. ¡Cuántos adultos ya viejos tienen que acudir a papá o mamá para manejar con su ansiedad, tristeza, coraje o frustración, porque nunca se les dejó pelear sus propios conflictos internos!

✐     Valórelo justa e inteligentemente: Valorar a una persona no es desubicarla ni hacerla creer que puede lo que no puede. Ni desvalorar ni sobrevalorar. Los mensajes, dirigidos a la autoestima, autoaprecio y autoconfianza del adolescente, han de contribuir a la formación de su auto imagen, es decir, a la formación de un concepto realista y apreciativo de su “Yo”. Ayúdelo a conocerse – con sus potencialidades y cualidades, pero también con sus debilidades – a valorarse ante sus logros y capacidades, enséñelo a aceptarse como es para que genere una competencia consigo mismo (no con los demás) y busque superarse, que se esfuerce cada día por mejorar.

✐     Ayúdelo a hacerse responsable: esto no implica abandonarlo a sus anchas, ni mucho menos ignorar sus faltas. Resulta tan nocivo responder por ellos, justificar sus faltas, liberarlo de las consecuencias de sus actos y sobreprotegerlo; como dejarlo solo desde temprana edad. En ocasiones necesitará apoyo y ayuda para responder a las consecuencias de sus errores, pero siempre en la línea de libertad y responsabilidad creciente. No debe convertirse en un “tira y encoje” que va a depender del estado de ánimo de Uds. la libertad va a depender del nivel de responsabilidad que su hijo va a ir demostrando. Mientras más hábil para responder por él mismo, más capaz de ejercer su libertad.

✐     Confié en él, sin ingenuidades: El adolescente necesita ver refrendada la confianza que sus padres y otros adultos le tienen; si la gente que considera valiosa confía en él, podrá confiar más en sí mismo: AUTOCONFIAZA. Es importante que no confunda confianza con credulidad, no vea en sus hijos lo que quiera ver, cayendo en la peligrosa ceguera y autoengaño. En casos extremos la confianza en el adolescente no debe ser ciega e invariable. Aun cuando su infancia haya trascurrido en los mejores términos imaginables, la prudencia aconseja estar vigilantes de los rumbos que las nuevas búsquedas del hijo puedan tomar, sobre todo al crecer la importancia de la influencia de los amigos y del entorno, en el cual necesita ser aceptado y reconocido por sus pares.

✐     No confunda Tolerancia con Permisividad: Una mirada superficial sobre los efectos nocivos del autoritarismo paterno ha llevado al error del inmovilismo y a un silencio cómplice en las equivocadas búsquedas de los adolescentes; ni oposición sistemática, ni criticismo, ni prohibir por prohibir, pero tampoco permitir aquello que contradice la moral, el recto juicio o la salud mental o física. Sea muy tolerante con todo aquello que es intrascendente, pero al mismo tiempo sea claramente exigente con lo fundamental, corrigiendo cada vez que se requiera, porque están en juego valores humanos irrecuperables.

✐     Mantenga una disciplina flexible pero estable: Adoptar una postura conciliatoria y una actitud aceptante no equivale a un abandono de la responsabilidad en el ejercicio de la autoridad paterna. Evitar una disciplina rígida e irracional, no significa implantar el caos de la indisciplina en el hogar, sólo porque los hijos arribaron a la adolescencia. Esperar un comportamiento ”adulto” (maduro), pleno de autodisciplina y autocontrol por parte del adolescente, sería caer en un “angelismo” ingenuo y perjudicial que desembocaría en el caos. El adolescente necesita del servicio de una disciplina externa, que le ayude a aprender el control - autocontrol – de una vida mental y emocional en ebullición y en busca de dirección y sentido. Sólo que esa disciplina tiene que ser razonable, estable y constante, útil y benéfica para la comunidad familiar – para todos -, y suficientemente flexible como para poder adaptar a los cambios que se presenten, en necesidades, horarios y circunstancias.

✐     Mantenga su postura y no abandone su rol de padre: Acompañar, acercarse, dialogar y compartir con los hijos, no significa que los padres tengan que “disfrazarse” de adolescentes. En la pubertad se requiere de un modelo cercano y afectuoso que sirva de pauta y referencia para la definición más completa del propio “yo”; pero ese “modelo” debe ser adulto, firme, estable, hasta cierto punto admirable, nunca lejano e inaccesible, tampoco tan cercano que no represente ninguna guía ni orientación. Entre otras cosas, el hijo deberá aprender a ser auténtico, a ser “él mismo” y no una copia al carbón o caricatura de otro, por muy santo que le parezca. La cercanía del padre implica naturalidad, no fingimiento.  Pero, sobre todo, no olvide que si la adolescencia es la edad más rica y generosa es también, probablemente, la más difícil. Ese muchacho, agresivo quizás, pedante, crítico es un muchacho pleno de posibilidades pero también lleno de angustias, por lo que requieren del apoyo de un adulto, que con su experiencia los ayude a encontrar el camino largo y difícil de las respuestas. Él estará FELIZ si tiene a su lado a unos padres que se preocupan de su persona y de su futuro.




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